Slow Food, Slow everything

Otra forma de trabajar es posible.

Autor: Laia Casals

Nos cuentan que en los años 80, una vez inaugurado el McDonald’s de la Piazza di Spagna de Roma, Carlo Petrini formó la asociación Slow Food en contraposición a la comida rápida, a la pérdida de biodiversidad de productos y a la estandarización de la gastronomía a la que no le importa el cuándo y el dónde.

Más allá de esta anécdota, el Slow Food es un movimiento que entendemos como necesario, que habría surgido sí o sí llamándose Slow Food o de cualquier otra manera. Porque sí, porque queremos probar los platos de cada lugar con sus productos locales, un té con menta en Marrakech en vez de Nestea en todos lados.

Pero, ¿qué pasa con las otras aplicaciones que le hemos dado al término, hasta llegar a Slow Cities, Slow School, Slow Sport, Slow Fahion, …? Estas aplicaciones son naturales o nos suenan impostadas. ¿Son tan necesarias para la comunidad como saber que las habas y los boquerones en España hay que consumirlos en primavera? Existe también el movimiento Slow Work que busca el trabajo de calidad, donde cada tarea tiene su tiempo al cual podemos dedicarnos en exclusiva, sin interrupciones, y con un equilibrio entre la vida profesional y la personal. Todo en un ambiente donde las relaciones humanas en el ámbito del trabajo aún se valoran y donde el rendimiento no va ligado a la cantidad y no hacen falta pactos para la racionalización de horarios.

Pero, ¿y si vamos más allá? ¿Una Abogacía Slow es posible? Y no hablamos del tópico de la lentitud de la Justicia, sino de la voluntad de trabajar de forma diferente. Con conciencia y ética, donde nuestros clientes sean escuchados y hallen canales de comunicación fluidos con su abogado. Algunas pautas podrían ser:

  • Organizarse la jornada laboral de modo que trabajemos en un caso por vez, evitar las multitareas e ir saltando de expediente en expediente está comprobado que es menos estresante y más productivo. Las tareas más complicadas se recomienda hacerlas a primera hora de la mañana ya que estamos más despejados.
  • Ir haciendo descansos pero con un compromiso que entra pausas la concentración es total, no WhatsApps , ni internet, ni emails personales.
  • No llevarse el trabajo a casa, esto es difícil, pero se puede, además se exige en las empresas y países más productivos, donde el hecho de llevarte el trabajo a casa en vez de estar bien visto es signo de que no te organizas en tu jornada laboral.
  • Plantearse las vacaciones desconectando en la medida de lo posible del móvil (pactando unos horarios), de internet y de la tecnología en general, esto cuesta, pero es tendencia en EEUU y ya está llegando a Europa.
  • Fortalecer las comunicaciones personales entre compañeros y con nuestros clientes. En este aspecto el sector tiene mucho que mejorar ya que hemos perdido calidad de trato personal y empatía ante los demás y sus circunstancias.
  • Encontrar tiempo para hacer deporte y cuidarnos por ejemplo cocinando más en casa (sobre todo por las noches y fines de semana).

Desconocemos quién ganaría más, si nuestros clientes o nosotros mismos, pero solo el hecho de planteárselo ya provoca algún cambio.